jueves, 7 de junio de 2012

Chirimichi de chichinabo

Si, soy de pueblo y no lo puedo negar.
Soy de esa casta de gente que entendía, como normal, ver la fuente del parque congelada en invierno, vestirse con el pijama debajo, en los días más perezosos y fríos. Recogerte a las mil siendo un niño, en verano, mientras los papis están de "casquera" con los vecinos tomando el fresco. Jugar a tirarte piedras (fue divertido hasta que me abrieron la brecha en la frente, de la cual sigo conservando la cicatriz), comer albaricoques en un tono amarillento verdosil hasta no poder más y acabar en el médico llorando del dolor de estómago. Comer pipas hasta el infinito en el parque, mientras eras ya la preadolescente y veías a toda la juventud pasar ante tus ojos.

Todo esto puede sonar medio normal o casi normal, todo lo demás para tí es lo más cotidiano del mundo hasta que sales de casa y te vas a estudiar fuera, a pocos kilómetros, en mi caso fue Cartagena, y es entonces cuando empiezas a conocer a más gente y ya lo cotidiano o lógico,como que parece que empieza a cobrar unos tintes un tanto especiales.

No, el embocarse anca La Copa, no es normal. ¿Qué es embocarse? Ir a un sitio muy lejano, al menos para ir andando, estaría entre Pinto y Valdemoro, o en la Ceneta. Es cumún en el pueblo que esos sitios están por ahí, perdíos, donde Cristo perdió las esparteñas.

No es común ver a un perro corriendo detrás de un tractor día tras día. En ese tractor, amarillo, va su dueño montado de camino al campo. Es curioso pero no es que sólo viese a uno, veía a muchos. El clásico ratero, pequeño, con pelo duro, tirando a feo, algo antipático y dientes fuera. Vaya, como me acuerdo de él, me llamaba la atención verlo siempre corriendo, como si su vida dependiese de ello. Seguro que el tío era el padre de todos los perros que había por el pueblo, eran todos clavaditos a él. Yo lo se bien, mi perra Antonia (siento a los aludidos, pero es que me la dieron con ese nombre y no hubo manera de cambiárselo porque no te miraba) ...uy que me pierdo, eso, que mi perra Antonia, muy golfa ella, cuando le venía el celo, siempre tenía al patriarca de la raza perril en mi puerta, con sus constantes ladridos y sus meadas. Era el amo.

Ya sabemos que no hay cosas muy comunes entre pueblos, pero la risa te viene cuando ves que cada rincón tiene su "especialidad".

Vale Jose, mañana nos vemos en el "picoesquina" de la plaza tal. ... Mi cara, muy sorprendida, no se hacía a la idea de lo que acababa de escuchar... Picoesquina? Y me decís que soy una burra hablando?...

Con el tiempo conocí a mi novio, y planeando el viaje a Londres me dice que odia el clima, que no soporta el chiribichi ese que siempre hay... ¿Chiribichi?... me sonama a Chirimiri de Chichinabo. Y el tío lo suelta tan tranquilo, pobrecito, y de ciudad...

Recuerdo a mi amiga Mari Cruz, todos los sábados su madre la sacaba a la puerta de la casa, recién duchada, a peinarle su larga cabellera al sol, para que se ponga más rubia. Total, tantos detalles para acabar cogiendo albaricoques en medio del campo y llegar hechas unas gitanas.

Ay el tocatimbres, qué tiempos aquellos y cómo jode ahora.

Todo esto me viene a la mente porque añoro los veranos en mi pueblo natal. Ese frequito por la noche que hace que te eches la sábana al dormir. Esos días interminables con tus amigos del barrio, que no los del cole (ellos se iban a la playa y hasta Septiembre no sabía nada de ellos).
Jugábamos al fútbol, al beisbol, a coleccionar cartas de olor, al elástico, a la comba...

Hablando de Mari Cruz, recuerdo a su madre, una mujer grande, que no gorda, mujerona. Voz grave, grandes pechos y muy buen puestos, y un par de cojones que asustaba hasta a la abuela renegona de la calle, que luego resultó ser su madre. Eso, cuando eres pequeño, no lo sabes.
Pues eso, que un día jugando al fútbol en la calle, el Jose María alias "el oliva" le dió con tal fuerza a la pelota con la mala suerte que abrió la puerta de "la María" ... asustados sin saber que hacer, joder es que tenía muchos cojones, entró el oliva preguntando por su Paco (alias el negro) para ver si salía... qué tiempos aquellos.


Y ahora que recuerdo jugando al beisbol, estaba yo tirando la pelota para que bateara la niña mayor de la calle, Dori, de ahí recuerdo no poder respirar y mirarme el estómago y tener toda la señal de la pelota de tenis, con las líneas enteras y todo...
Qué ahora que me viene a la mente, el bate lo hizo mi padre, carpintero de profesión. Saludos papá!!

Qué tiempos aquellos,... qué recuerdos tienes tú?








2 comentarios:

  1. Ey! no te imaginas cómo me ha gustado eso del "fresquito" del pueblo, de esas noches "agradables" (me decía el otro día un amigo). El recuerdo es distinto si me veo de niña, como irrecuperable, como todo lo pasado, la arena del reloj que nunca caerá igual... mi calle no está igual, ha cambiado mucho. Los tejados ya no soportan uralita ni mi cocina es de azulete. Si miro atrás, allí, en la puerta de mi casa, veo todo, lo de dentro y lo de fuera y....hasta el olor. A pesar de la certeza de saber que todo cambia, soy de pueblo. De cuando en cuando vuelvo a buscar el fresco y lo encuentro. Me sigo viendo en la calle, jugando al "churro, media manga, mangotero", corriendo por los solares tras algún pajarito perdido, caído de un nido; de mi puerta a la de mis mellis (dos mellizas vecinas, mis amigas de siempre que hoy siguen cerca de mí)y sí, había que mirar a uno y otro lado para cruzar la calle o te daban un grito que te que quedabas helado, parado del puro susto, pero no entraba peligro mirar "mientras" cruzabas pues apenas pasaban coches. Ahora, de cuando en cuando vuelvo al fresco. El panorama es bien distinto. Yo en mi puerta, tumbada en una hamaca, con cualquier libro entre mis manos y una lucecita enganchada a la pasta; mi madre sentada en el poyo de la puerta, mirándome en silencio (la adoro) u ofreciéndome -tomamos algo fresco, hija- Y yo sonrío. No paran de pasar coches, ni hay niños jugando ni cruzando, pero el fresco de mi puerta es el de antes, transformado en una sosegada paz que solo posee el pueblo...

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  2. jajajaja.Aaaaahiiiii k entrañables recuerdos.. K viva mi madre ¡la gran maria pijina!! k viva el pijama debajo de la ropa! k vivan los niños salvajes k nos pasabamos los dias en los campos. Gracias por este precioso fragmento de felicidad no he parado de sonreir mientras leia. Besos bella. M.Cruz

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