martes, 27 de diciembre de 2011

De columpios y líneas.

Estoy sentada con la mirada perdida, mis ojos solo se fijan en una sombra que hay en el suelo. Intento reconocer su significado, su procedencia, y mi mente empieza a recrear posibles objetos candidatos a ser los dueños de esa composición.
¿Será una silla? Hay unas líneas alargadas y finas, simulando unas patas. Demasiado común, puede que sea divertido pensar en algo más animado, como cuando miras las nubes y ves conejos, o perfiles de personas.
Tengo que reconocerlo, lo sigo haciendo.

Esto me hace pensar en la niñez y me pregunto en qué momento dejé de pertenecer a una etapa de la vida, de todo ser humano, llamada infancia.
Todavía miro las nubes, me subo a los columpios, sueño con monstruos y me gustan las bolas de agua que imitan momentos eternos, con un telón de nieve infinita.
Me pregunto en qué momento me hice mayor, ¿ La primera calada a un cigarro, quizás?

Supongo que las líneas que veo en la sombra son reales, no como las que separan las etapas de la vida, ¿Esas? Esas son mas retóricas, rebuscadas...

Aunque, pensándolo bien, podrían ser sombras de las patas de una araña gigante, con unos enormes labios rojos... y bien pintados, si, y unos ojos bien abiertos con grandes pestañas... Si, como la araña que aparece en esa serie de dibujos animados...



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