domingo, 12 de junio de 2011

Ejercicio para Navidad

Recuerdo el día que mi profesor de dibujo me dijo, "Dibujar una casa es como exponer en un papel, mediante líneas, la personalidad de cada uno", "Puedo ver qué tipo de personas sois dependiendo de los planos que me presentéis". Eso me dejó bastante pensativa, era una persona un tanto reservada que no se dejaba ver mucho en su interior, quizás sentía el miedo de que pudiera ver en mí algo escondido, algo que llevaba tiempo buscando y se escapaba de mis manos cada vez que intentaba cogerlo.





Al principio miraba los planos de los demás, observando si podía estar al nivel o quedaban por debajo del mío, y me limitaba a hacer cosas sin sentimiento, puras lineas cerrando espacios sin imaginar qué tipo de vidas pueden desarrollarse dentro. Mi profesor, muy intuitivo por su parte, rompió delante mía todo lo que había dibujado y me dijo: "lee, escucha música, da un paseo o busca tu rincón como quieras. Pero una vez ahi, empieza a imaginar donde te gustaría estar, dále forma a ese sitio, a esos olores y a esas sensaciones".



Os parecerá una tontería, pero cuando realmente me encontré, mis manos empezaron a dibujar miles de bocetos, con todo tipo de colores e incluso, podía plasmas los olores. "Quiero luz por aquí, quiero este espacio para mí, quiero poder ver a mis niños jugando aquí"... y empecé casi sin darme cuenta, a crear una vida donde la protagonista era yo. En diversos sitios habían espacios donde plasmaba mi infancia, como un jardín lleno de rosales que me recordaban al huerto de mi abuelo o un baño donde tenía una pequeña fragancia del perfume de mi madre. La olor al salir de la casa, a campo mojado y una cierta brisa fría dando pié a la entrada del otoño."...




Podía ver con detalle los muebles, la luz de la noche con pequeñas lámparas y alguna vela, e incluso esa ducha caliente en la noche para relajarte después de un largo y frio día.




Todo eso quedó plasmado en papeles y láminas que ahora quedan guardadas como si fuesen diarios de mi infancia, quizás como una carpeta de sueños.




Cuando presenté mi proyecto, la conclusión de mi profesor fue: "Oh, ya sabía yo que tu eras muy familiar y hogareña, tienes todos y cada uno de los rincones de la casa pensados con detenimiento". Desde entonces hasta hoy, han pasado 5 años y se me sigue poniendo la piel de gallina cada vez que veo tanto trabajo, tantos recuerdos y sueños, dibujados con tal dedicación, como si tuviese algo tan pequeño y delicado entre mis manos que, cualquier pequeño movimento o despiste , hiciese que lo pudiera perder. Ese algo que me pasé tanto tiempo bucando y que ahora guardo en un sitio tan escondido, que tendría que volver a mis 8 años para volverlo a encontrar.




















































1 comentario:

  1. Esas cosas no se pierden nunca. Están demasiado adentro.
    Algún día, sin duda, tendrás esa casa y esos niños, ya lo verás.

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